EL VINO Y LA FELICIDAD
En los últimos años está venimos escuchando eso de que “una copita de
vino al día es buena para salud”.
Pues bien, desde Chato Grato,
queremos sumarnos rotundamente a esa afirmación.
Estudios recientes, como los llevados a cabo por la Universidad de
California, han demostrado que una o dos copas de vino tinto diarios a nuestra
dieta conllevan numerosos beneficios, poniendo de relieve que además es uno de
los pocos productos que acumulan tantas cualidades positivas.
Pero, ¿Por qué el vino tinto y no el vino blanco?
Estudios han puesto de relieve que el vino blanco se realiza
exclusivamente con la pulpa de las uvas, mientras que el tinto incluye el
tratamiento y procesado de la piel y las semillas,
que son las zonas donde más polifenoles están presentes, particularmente
encontramos quercitinas y resveratrol, los que son buenos candidatos para
explicar el efecto protector del vino frente al riesgo de cáncer y cardiopatía
coronaria, así como ser los encargados
de la eliminación de los radicales libres en nuestro organismo.
Hablemos del reveratrol
Se trata de un compuesto que se encuentra en el vino tinto, y por
lo tanto, en las uvas, pudiéndose hallar en otras plantas como el cacao.
Una de los grandes beneficios de este compuesto, además de reducir
el riesgo de enfermedades relacionadas con la edad, es que estimula
un gen de respuesta al estrés que
activa una serie de genes que protegen el cuerpo de las infecciones, incluso
protegiéndonos de la radiación ultravioleta de los rayos solares.
Esta
propiedad tan única y saludable sobre nuestro organismo no estaba del todo
confirmada pero, gracias al estudio llevado a cabo por la Universidad de
California, los investigadores han podido llegar a esta conclusión a través del
análisis de una antigua familia de enzimas, las Arlt sintetasas.
Gracias a
este análisis descubrieron que el resveratrol actuaba como un imitador de la tirosina,
un aminoácido no esencial, que encontramos en nuestro organismo. Fundamental
para el metabolismo éste en general, al ser el precursor de la adrenalina y la
dopamina, las cuales ayudan a regular nuestro estado de ánimo.
El experimento
El equipo
dirigido por la doctora Christina Gianoulakis, inyectó a ratas cantidades
diferentes de alcohol y empezó a controlar la reacción de las endorfinas.
Detectaron
que en dosis bajas o moderadas, pero no en las dosis altas, las ratas habían
elevado la liberación de las betaendorfinas en el Área Ventral Tegmental (AVY),
una región del cerebro conocida por su papel en la producción del efecto de
recompensa del alcohol.
Conclusión
Tras este
experimento, se pudo llegar a la siguiente conclusión.
El
consumo de poca cantidad de alcohol
aumenta la liberación de endorfinas, produciendo en consecuencia efectos
placenteros en la persona.
Y
curiosamente, si el consumo de vino viene acompañado por luces ambientales en
tonalidades rojas o azules, los estudios dicen que se liberan aún más
endorfinas que bajo luces de tonos verdes o blancos.


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