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lunes, 15 de agosto de 2016

DESCORCHANDO BOTELLAS



Abrir una botella de vino es un ritual mágico, un momento de gran excitación ante la expectativa de placer del vino que estamos a punto de beber, un instante de exaltación que, si se ejecuta correctamente, no hace otra cosa que aumentar el gusto y el deleite de esta bebida milenaria.


Para abrir una botella de vino debe ante todo hay que moverse con mucho cuidado, evitando menear la botella de vino innecesariamente, y utilizando un abridor sencillo, el ideal es el de dos tiempos.

Debemos abrir la botella siempre encima de una mesa o superficie rígida, en posición vertical. Nunca abriremos la botella "en el aire", sin apoyarla en ningún sitio o en posición inclinada.

Se debe cortar la cápsula por debajo del 'recogegotas' o 'gollete' (esa parte más gruesa en la parte superior del cuello de la botella) efectuando un corte limpio sin mover la botella.

A continuación introducimos la espiral del sacacorchos en el centro y efectuando un cuarto de vuelta dejamos perfectamente sujeto en vertical el abridor.

Seguidamente giraremos el abridor hasta que se introduzca en el corcho, pero sin sobrepasar el mismo por el otro lado, a fin de evitar que caigan desagradables virutas de corcho en el vino.

Haremos palanca con cuidado usando los apoyos de, en nuestro caso, sacacorchos en dos tiempos, dejando el tapón a punto para que con dos dedos podamos sacarlo con cuidado.

Una vez sacado el corcho limpiaremos el cuello y boca de la botella. Revisaremos visualmente el corcho a fin de comprobar el buen estado y calidad del mismo, y por último lo oleremos comprobando la ausencia de defectos que no puedan advertir de un vino en mal estado.


Actualmente existen abridores de todo tipo, en general todos son correctos.


¿Qué es, para que sirve, y cuando decantar un vino?

Para apreciar las cualidades de un vino tinto a veces es necesario decantarlo, normalmente cuando se trata de un reserva o un gran reserva.

Este sencillo proceso de verter el vino en otro recipiente acelera la desaparición de los aromas a cerrado surgidos durante el reposo en botella y permite eliminar la materia colorante que se ha precipitado durante el periodo de reposos.

Los aromas a cerrado son los aromas que se originan cuando un vino lleva muchos años tapado y que pueden recordar al cuero, la humedad, el tabaco, y en general aquello aromas menos frutales y más extraños del vino.

La decantación permite que el vino entre en contacto con el aire, lo que llamamos oxigenación. De esta manera recuperamos los aromas frutales del vino, los aromas primarios.

Si nos encontramos con una botella que tenga estos aromas a cerrado y además posos en la base de la botella, el decantado nos sirve también para separar estos posos del vino, aunque como hemos dicho esta no es la finalidad principal.

El decantador debe ser de cristal transparente para que podamos apreciar el color del vino y de forma parecida a un jarrón de flores, por eso su cuello debe ser mucho más estrecho que el cuerpo, así el vino podrá deslizarse por sus paredes interiores realizando un recorrido muy amplio lo que permite entrar en contacto con una mayor proporción de aire permitiendo la lenta oxigenación, despertando los aromas que queremos disfrutar.

Con el simple decantado suele ser suficiente para la oxigenación, aunque si el vino se muestra con aromas muy cerrados, a veces es necesario ayudar en la oxigenación realizando giros circulares al decantador con el vino dentro.

Un truco muy sencillo para saber si hay que decantar un vino: Al abrir la botella servirlo en una copa y pasados unos diez minutos servir otra. Si se aprecia una diferencia, tanto en aspecto como en aromas, y una mejora en la primera copa comparada con la segunda, el vino necesitará decantarse.

jueves, 28 de julio de 2016

MARIDAJES CON PESCADOS



Coincidiendo con la cata showcooking que tenemos preparada esta semana, el artículo de hoy va sobre


El maridaje con pescado es ligeramente más complejo que el que se lleva a cabo con la carne roja o blanca, ya que debido a su contenido de yodo se debe cuidar que el vino sea sutil y elocuente en el maridaje para evitar tener como resultado notas ferrosas o de sabores intensos no muy agradables que suelen dar como resultado un maridaje no muy atinado.

Para poder comprender un poco con que se pueden maridar los diferentes tipos de pescado, debemos entender sus clasificaciones y características partiendo de estos grandes grupos:

De agua salada: aquí se encuentra la mayor cantidad de peces que se consumen; habitan en el mar y su carne tiene más sabor, aroma y consistencia que los peces de río. Los pescados de agua salada son más ricos en yodo y cloro.

De agua dulce: habitan en lagos, ríos y arroyos, su sabor no es tan intenso como los de agua salada. Los pescados de agua dulce aportan mayor cantidad de potasio, magnesio y fósforo.

Migratorios: son aquellos que viven en el mar y realizan grandes migraciones para desovar en agua dulce o viceversa, como el salmón, la trucha y la anguila.

Ahora bien, existe otra segmentación importante de acuerdo a la cantidad de grasa contenida en la carne de los pescados:

Pescados de carne blanca o magros. Estos pescados poseen entre un 80% y 85% de agua. Dentro de este tipo de pescados, podemos encontrar:

·         Bacalao

·         Lenguado

·         Lubina

·         Mero

·         Corvina

·         Gallo

·         Perca

·         Raya

Este tipo de pescados se pueden maridar con:

·         Vinos blancos jóvenes, frescos y frutales, como un Sauvignon Blanc, Albariño o Chenin Blanc de buena expresión aromática.

·         Vinos tintos con poca barrica, de preferencia muy frutales y sencillos para que no le ganen en sabor y estructura a la sutileza del pescado, como un Merlot y Pinot Noir.



Pescados semi-grasos. Algunos ejemplares, son:

·         Carpa

·         Bonito

·         Salmonete

·         Dorado

·         Rodaballo

·         Trucha

Este tipo de pescado los vamos a acompañar con:

·         Se recomienda un Chardonnay sin barrica, ya que esta uva proporcionará la estructura necesaria para el sabor de los pescados semi-grasos.

·         Si el vino conserva su frutalidad podrá acompañar de maravilla a estos pescados. Un Carmenére o Malbec de intensidad media, sería un buen acompañante.



Pescados grasos o azules. Su carne es roja y su gran aportación de ácidos grasos a nuestro cuerpo es muy valorada; algunos ejemplos, son:

·         Anguila

·         Anchoas

·         Atún

·         Bonito

·         Boquerón

·         Salmón

·         Cazón

·         Mero

·         Sierra

·         Sardina

·         Jurel

Este tipo de pescados armonizan más su sabor con:

·         Vinos blancos con barrica, de mayor complejidad y untuosidad que acompañarán perfectamente bien los sabores de estos pescados, ya sea Chardonnay o Semillón.

·         De igual forma que en los anteriores, los vinos tintos no deberán tener una gran potencia de barrica y deberán conservar su frescura y frutalidad. Un Cabernet o Tempranillo podrán ser grandes maridajes


·        

miércoles, 13 de julio de 2016

¿UNA SANGRÍA?


No podemos dejar pasar el verano sin hablar de esta bebida tan nuestra.







La Sangría es una de las bebidas más consumidas en nuestro país, de hecho, es una de las bebidas que más lo caracterizan de cara a muchas otras zonas del mundo.



Realizada a base de vino y con un regusto dulzón, que el Parlamento Europeo decidió proteger de «falsificaciones», al aprobar el acuerdo para reformar las normas de etiquetado y protección de las indicaciones geográficas de los vinos aromatizados, lo que incluye la limitación del uso de la denominación «sangría» a la producción de este caldo en España y Portugal.



La Sangría data su origen en Las Antillas cuando eran colonias inglesas, aunque su expansión se debe a la presencia numerosa española a finales del siglo XIX en Paraguay y Argentina en épocas de verano.



El termino Sangría, proviene de la palabra española "sangre" lo cual inspiró para denominarla así por su color rojo. En numerosas colonias de América, era denominada como "limonada de vino".






Aunque cada uno tiene sus «trucos» para hacer la mejor sangría, hay un cierto consenso sobre cómo debe elaborarse esta bebida. Esta es la receta básica:





Ingredientes para 4 personas.

-1 litro de vino tinto (no tiene que ser excelente, pero tampoco compremos el peor de la tienda, mejor si es joven y con graduación).

-2 naranjas de zumo exprimidas o el zumo de dos limones.

-4 melocotones en trozos.

-3 cucharadas de azúcar.

-Gaseosa o Cointreau (opcionales).

-Hielo.

Una vez pelados y troceados los melocotones se ponen en una jarra grande, mejor si es de barro, y se añade el vino, el azúcar y el zumo de los limones o de las naranjas. Se remueve todo bien y se deja reposar en el frigorífico al menos durante dos horas.

En el momento de servirla se le pone mucho hielo. Si se quiere menos alcohólica se puede añadir gaseosa al gusto. Y en el caso contrario, para que resulte más fuerte, se añade al principio un poco de Cointreau o de ron. Adornar con unas rodajas de limón o de naranja, remover y ya está lista para beber.