Abrir una botella de vino es un ritual mágico, un
momento de gran excitación ante la expectativa de placer del vino que estamos a
punto de beber, un instante de exaltación que, si se ejecuta
correctamente, no hace otra cosa que aumentar el gusto y el deleite de esta
bebida milenaria.
Para abrir una botella de vino debe ante todo hay que
moverse con mucho cuidado, evitando menear la botella de vino innecesariamente,
y utilizando un abridor sencillo, el ideal es el de dos tiempos.
Debemos abrir la botella siempre encima de una mesa o
superficie rígida, en posición vertical. Nunca abriremos la botella "en el
aire", sin apoyarla en ningún sitio o en posición inclinada.
Se debe cortar la cápsula por debajo del 'recogegotas'
o 'gollete' (esa parte más gruesa en la parte superior del cuello de la
botella) efectuando un corte limpio sin mover la botella.
A continuación introducimos la espiral del sacacorchos
en el centro y efectuando un cuarto de vuelta dejamos perfectamente sujeto en
vertical el abridor.
Seguidamente giraremos el abridor hasta que se
introduzca en el corcho, pero sin sobrepasar el mismo por el otro lado, a fin
de evitar que caigan desagradables virutas de corcho en el vino.
Haremos palanca con cuidado usando los apoyos de, en
nuestro caso, sacacorchos en dos tiempos, dejando el tapón a punto para que con
dos dedos podamos sacarlo con cuidado.
Una vez sacado el corcho limpiaremos el cuello y boca
de la botella. Revisaremos visualmente el corcho a fin de comprobar el buen
estado y calidad del mismo, y por último lo oleremos comprobando la ausencia de
defectos que no puedan advertir de un vino en mal estado.
Actualmente existen abridores de todo tipo, en general
todos son correctos.
¿Qué es, para que sirve, y cuando decantar un vino?
Para apreciar las cualidades de un vino tinto a veces
es necesario decantarlo, normalmente cuando se trata de un reserva o un gran
reserva.
Este sencillo proceso de verter el vino en otro
recipiente acelera la desaparición de los aromas a cerrado surgidos durante el
reposo en botella y permite eliminar la materia colorante que se ha precipitado
durante el periodo de reposos.
Los aromas a cerrado son los aromas que se originan
cuando un vino lleva muchos años tapado y que pueden recordar al cuero, la
humedad, el tabaco, y en general aquello aromas menos frutales y más extraños
del vino.
La decantación permite que el vino entre en contacto
con el aire, lo que llamamos oxigenación. De esta manera recuperamos los aromas
frutales del vino, los aromas primarios.
Si nos encontramos con una botella que tenga estos
aromas a cerrado y además posos en la base de la botella, el decantado nos
sirve también para separar estos posos del vino, aunque como hemos dicho esta
no es la finalidad principal.
El decantador debe ser de cristal transparente para
que podamos apreciar el color del vino y de forma parecida a un jarrón de
flores, por eso su cuello debe ser mucho más estrecho que el cuerpo, así el
vino podrá deslizarse por sus paredes interiores realizando un recorrido muy
amplio lo que permite entrar en contacto con una mayor proporción de aire
permitiendo la lenta oxigenación, despertando los aromas que queremos
disfrutar.
Con el simple decantado suele ser suficiente para la
oxigenación, aunque si el vino se muestra con aromas muy cerrados, a veces es
necesario ayudar en la oxigenación realizando giros circulares al decantador
con el vino dentro.
Un truco muy sencillo para saber si hay que decantar
un vino: Al abrir la botella servirlo en una copa y pasados unos diez minutos
servir otra. Si se aprecia una diferencia, tanto en aspecto como en aromas, y
una mejora en la primera copa comparada con la segunda, el vino necesitará
decantarse.





